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Beberse Azuébar


A pequeños sorbos o sin límite de consumo, Azuébar sienta bien. Se saborea en sus calles, entre los dinteles de sus puertas o a la orilla de los barrancos una cálida vida interna apenas disimulada por la tranquilidad de su situación a los pies de la imponente Serra Espadà. El Alto Palancia acoge esta localidad que limita con Soneja, Aín, Almedíjar y Chóvar, con los que está perfectamente comunicada a través de la CV-230 desde Soneja o la CV-219, que atraviesa buena parte del Parque Natural de la Serra Espadà.


Miel, almendras, corcho o aceite son los sabores y olores de una Azuébar regada con el agua de la Fuente del Sas, embotellada por Aguas de Azuébar y cuya planta de envasado está situada entre las calles del pueblo que conducen a la piscina municipal, como un edificio más en la calle, aunque sea uno de los motores de la economía azuebera.


Alzamos la vista, y hallamos los restos del castillo árabe, que recuerdan el pasado musulmán de Azuébar; un tesoro patrimonial declarado Bien de Interés Cultural. Por la ladera sur del promontorio en el que se encuentra el castillo, se desarrolló la población, bajo el manto protector de unas murallas y su torre adosada, de la que aún puede admirarse su silueta recortada sobre el cielo azul. El castillo, en lo alto del cerro desde donde podremos apreciar magníficas panorámicas sobre Azuébar, compite en nostálgica elegancia con la iglesia dedicada a San Mateo que comenzó a construirse a finales del siglo XVII. De factura irregular por sucesivas ampliaciones, la iglesia muestra una fachada de mampostería hilvanada a una esbelta torre y una cúpula que cubre la nave central y las capillas laterales. Resiguiendo la historia de Azuébar, interesantes son los restos de los hornos de mercurio que se extrae del cinabrio, en el barranco Bellota, testigos del pasado de la villa relacionado con la tradición minera de la población y la zona adyacente.


La Peña Ajuerá, el río subterráneo de la sima de Els Posos, con impresionantes formaciones calcáreas, explorado por miembros del Espeleo Club Castelló, o el paraje de la Mosquera conforman un interesante triángulo natural para visitar la villa. El valle de La Mosquera, que debe su nombre a una ruinosa casa que encontraremos en nuestro camino, ofrece al visitante senderos, algunos asfaltados, por los que discurre la brisa entre los alcornoques, encinas y almendros. En primavera, el espectáculo de estos últimos eclosionando en flor es emocionante en La Mosquera. En esta época, el otoño viste de rojizo los troncos de los alcornoques, desvestidos de su pesado traje de corcho.


Junto a sus costumbres, parajes y monumentos, el mejor patrimonio de Azuébar son sus gentes, sus voces en las calles, sus bicicletas rodando impulsadas por la emoción sin tregua de los más pequeños. El parque a la entrada de la población sirve de punto de encuentro entre vecinos y recién llegados. Una pequeña indicación nos adentra hacia las angostas calles centrales, encaladas sus casas, que mantienen la esencia del interior de nuestras tierras. Las churras ofrecen en su establecimiento de las calles centrales todo tipo de alimentación, aunque su especialidad es ofrecer a los amantes de la buena carne sabrosos ingredientes para elaborar platos como los que Azuébar nos tiene reservados. A través de las rendijas de las ventanas, no será extraño percibir el rico aroma a olla, guisado con tanda o a conejo en salsa, platos que podremos degustar en Azuébar acompañados de riquísima repostería casera: buñuelos, llamados prosaica y graciosamente pedos de fraile, las “orelletes” típicas de la zona o los borregos, que no son sino buñuelos de higo. Tras beber los encantos de esta villa centenaria, probar los postres que acabamos de indicar sería una deliciosa manera de “comerse” Azuébar en las tardes de un otoño como el que acaba de empezar.


Para llegar a Azuébar, a 60 kms de valencia y otros 50 de Castellón, deberemos tomar la autovía mudéjar A-23 en dirección a Teruel y desviarnos por la salida hacia la CV-230, en dirección a Soneja, Chóvar y La Vall d'Uxó. A unos 13 kilómetros encontraremos Azuébar. La web www.villadeazuebar.com te ofrece más encantos de esta preciosa localidad.

Publicado en Pueblos de Interior Por Eli Trilles

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